En lo alto de las montañas de Costa Rica, donde el abrazo esmeralda de la selva tropical se encuentra con el beso fresco del bosque nuboso, reside un diminuto bailarín con un espíritu extravagante: el Manakin Cola de Lanza. Esta pequeña ave deslumbrante es residente de los exuberantes bosques secundarios que prosperan en las faldas de las montañas alrededor de nuestro refugio, y un espectáculo cautivador para nuestros huéspedes lo suficientemente afortunados como para presenciar sus exhibiciones.
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Un Cuento de Dos Plumajes
El Manakin Cola de Lanza es un ejemplo de dimorfismo sexual, lo que significa que los machos y las hembras tienen apariencias completamente diferentes. Los machos son las verdaderas estrellas del espectáculo, vestidos con un llamativo esmoquin de plumaje negro brillante. Un azul cerúleo vibrante recorre su espalda, un toque de color que brilla como un fragmento del cielo costarricense. Pero el verdadero protagonista es su cabeza. Encima de su corona se encuentra una cresta extravagante de plumas de color rojo fuego, agregando un toque de drama a su presencia ya teatral.
Las hembras, por otro lado, están vestidas con un manto verde oliva más discreto, con las partes inferiores un tono más claro. Sin embargo, ambos sexos comparten una característica común: su cola corta y rechoncha adornada con dos plumas centrales largas y puntiagudas. Estas plumas alargadas, fuente del nombre del ave, son particularmente prominentes en los machos y añaden un toque de capricho a sus exhibiciones.
El Arte del Lek
A diferencia de muchas aves que forman parejas, los machos del Manakin Cola de Lanza participan en un sistema de apareamiento único llamado lek. Aquí, los machos se reúnen en lugares específicos dentro del bosque, conocidos como leks, para ofrecer un espectáculo espectacular con la esperanza de atraer a una pareja.
Nuestros huéspedes que se aventuren en el bosque durante la temporada de reproducción (generalmente de febrero a junio) podrían tropezar con un lek: un claro lleno de actividad. Aquí, los machos se transforman en bailarines con plumas, sus cuerpos negros se convierten en un borrón de movimiento mientras vuelan de percha en percha. Sus crestas rojas se erizan y sus largas colas se balancean de un lado a otro en un espectáculo fascinante.
Pero el baile no se trata solo de pasos elegantes. Los machos también liberan un repertorio vocal impresionante. Sus cantos, una mezcla de silbidos, chasquidos y estallidos, resuenan a través del bosque, una serenata diseñada para conquistar el corazón (o más bien los oídos) de las hembras que pasan.
Un Espectáculo con un Propósito
La hembra del Manakin Cola de Lanza es la jueza definitiva en esta competencia aviar. Observa las exhibiciones de los machos con un ojo perspicaz, aparentemente poco impresionada por la simple acrobacia. Los investigadores creen que se siente atraída por los machos capaces de producir las vocalizaciones más complejas y variadas, una señal de buenos genes y buena salud.
Una vez que una hembra selecciona a una pareja, el lek cumple su propósito. Ella se encarga de construir el nido y criar a las crías completamente sola. El macho, su exhibición extravagante terminada, se desvanece en el fondo, su papel en la reproducción completado.
Un Vistazo al Ballet de la Selva Tropical
Si tiene la suerte de observar a un Manakin Cola de Lanza durante su estadía en nuestro refugio de montaña, tómese un momento para apreciar el espectáculo deslumbrante que se desarrolla ante usted. Es una actuación que se desarrolla en medio del tapiz esmeralda de la selva tropical, un testimonio de las maravillas de la naturaleza y la danza cautivadora de la vida.
¡Esté atento a nuestra próxima publicación de blog, donde exploraremos otra joya emplumada de las montañas de Costa Rica!
Para obtener más información, consulte nuestra guía completa sobre las aves de Costa Rica.






