En lo alto de los bosques nubosos de la cordillera de los Andes del norte, un destello azul atraviesa el follaje esmeralda. Se trata del Manakincito Pechiblanco (Corapipo leucorrhoa), un cautivador pajarito cantor con una sorprendente elección de vestuario. Si bien no encontrará a esta deslumbrante criatura revoloteando entre los árboles de nuestro refugio costarricense, para aquellos que se aventuren más al norte, el Manakincito Pechiblanco es un descubrimiento encantador.
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Una joya de los Andes
El Manakincito Pechiblanco es miembro de la familia Pipridae, conocida por su plumaje vibrante y sus elaborados cortejos nupciales. Los machos de esta especie son todo un espectáculo. Imagine un pajarito rechoncho y diminuto, no más grande que su pulgar, envuelto en un elegante abrigo azul oscuro. Pero el verdadero protagonista es su pecho: un babero blanco deslumbrante que se infla como un esmoquin en miniatura emplumado. Este marcado contraste los hace inconfundibles en su rango, un caballero elegante siempre listo para impresionar.
Las hembras, en cambio, son bastante más discretas. Lucen un manto verde oliva apagado en la parte superior, con una garganta grisácea y partes inferiores amarillentas. Si bien carecen de la vistosidad de los machos, aún poseen cierto encanto, y sus plumas delatan su estilo de vida insectívoro.
Un morador del bosque
El Manakincito Pechiblanco prefiere la frescura húmeda de los bosques tropicales lluviosos y subtropicales. En Colombia y Venezuela, su hogar se extiende desde los niveles inferiores a medios de estos santuarios verdes, aventurándose ocasionalmente a los bordes del bosque. Se sabe que presentan algunos movimientos estacionales, migrando ligeramente más alto en altitud durante épocas específicas del año.
Un canto inaudito
A diferencia de muchos de sus parientes de colores vibrantes, el Manakincito Pechiblanco no es conocido por un canto particularmente melodioso. Sus vocalizaciones son más bien sutiles, compuestas por suaves trinos y silbidos similares a los insectos. Estos llamados pueden ser difíciles de discernir para el oído inexperto, a menudo mezclándose a la perfección con la sinfonía de la selva tropical.
Un vistazo al paraíso
Si bien el Manakincito Pechiblanco podría no adornar los terrenos de nuestro refugio costarricense, para aquellos que se aventuran hacia el norte de Colombia y Venezuela, avistar a este pequeño bailarín en el abrazo esmeralda de los Andes es un verdadero privilegio. Su deslumbrante apariencia y su naturaleza escurridiza lo convierten en un hallazgo preciado para los observadores de aves y los entusiastas de la naturaleza.
Así que, la próxima vez que se encuentre explorando los bosques nubosos de los Andes del norte, mantenga los ojos bien abiertos para buscar este pequeño estallido de azul. Con un poco de suerte, podrá vislumbrar al Manakincito Pechiblanco, una joya deslumbrante que se desliza a través del laberinto esmeralda.
Para obtener más información, consulte nuestra guía completa sobre las aves de Costa Rica.






