Si bien nuestro refugio de montaña ofrece vistas impresionantes de los bosques tropicales circundantes, otra maravilla aviar patrulla las lejanas costas del Pacífico: el Petrel Tempestad Colacuneado. A diferencia de los residentes vibrantes de nuestro exuberante paraíso, esta ave marina prospera en la vasta extensión del océano, rara vez honrando la tierra con su presencia. Pero para aquellos dispuestos a aventurarse en una escapada costera, vislumbrar a este maestro del viento es una experiencia inolvidable.
Un diminuto viajero tempestuoso
El Petrel Tempestad Colacuneado es un ave marina compacta, que apenas alcanza los 18 cm de largo. Su plumaje es un ejemplo de elegancia sobria: un marrón oscuro uniforme con una marca blanca en forma de cuña que le da nombre en la grupa. Con alas cortas y redondeadas y una cola bifurcada, está perfectamente adaptado para la vida en mar abierto. A diferencia de la mayoría de las aves, sus patas están ubicadas muy atrás en su cuerpo, lo que hace que caminar en tierra sea incómodo. Pero sí vuela, con increíble agilidad, rozando las olas y cabalgando las corrientes térmicas con una gracia sin esfuerzo.
Una criatura de las corrientes
Si bien los avistamientos frente a las costas de Costa Rica son posibles, particularmente cerca del Golfo de Nicoya y la Península de Osa, el Petrel Tempestad Colacuneado es principalmente un ave de las Islas Galápagos y la costa peruana. Pasa la mayor parte de su vida en el mar, aventurándose a colonias reproductivas en islas remotas solo durante épocas específicas del año. Aquí, excava madrigueras o construye nidos en pendientes rocosas, poniendo un solo huevo.
Un maestro de los festines marinos
El Petrel Tempestad Colacuneado es un alimentador oportunista, aprovechando la abundancia que ofrece el océano. Sigue a los barcos de pesca, atrapa sobras de la superficie y se sumerge para atrapar pequeños peces y crustáceos. Es particularmente hábil en una técnica llamada “pardeamiento”: correr a lo largo de la superficie del agua con las patas parcialmente sumergidas, creando ondas que atraen pequeñas presas hacia la superficie.
Una voz de las profundidades
En el mar, el Petrel Tempestad Colacuneado es un ave vocal, que emite una serie de chillidos y silbidos agudos. Sin embargo, en tierra permanece en silencio, confiando en la comunicación silenciosa dentro de sus colonias.
Un vistazo a un mundo diferente
Si bien es poco probable avistar un Petrel Tempestad Colacuneado desde nuestro refugio de montaña, un viaje a la costa ofrece la oportunidad de presenciar a esta increíble ave marina en su hábitat natural. Un paseo en bote o un día de playa pueden abrir una ventana a un mundo alejado de la tranquilidad del bosque tropical, un mundo donde el viento susurra secretos y el océano guarda misterios infinitos. El Petrel Tempestad Colacuneado, un diminuto bailarín en el escenario cósmico, es un recordatorio de la gran diversidad de vida que prospera más allá de nuestro entorno inmediato.
Para obtener más información, consulte nuestra guía completa sobre las aves de Costa Rica.






